Ago 122017
 

Han pasado ya 40 años de dictadura y 41 de democracia borbónica, los que hacen que fue asesinado Blas Infante por las hordas falangistas. Nos dicen que conmemorar este tipo de  efemérides es reabrir viejas heridas, cuando en realidad, quienes nos dicen esto no han cesado en echar sal y vinagre a las heridas que el pueblo tenemos abiertas.

Aunque tenemos que reconocer que dominadores y dominados compartimos el objetivo común de que esas heridas del pasado dejen de existir, diferimos en el cómo hacerlo. Los dominadores pretendiendo hacernos desaparecer físicamente en el presente y en la historia como pueblo y así “muerto el perro se acabó la rabia”. Los dominados en cambio las cerraremos definitivamente venciendo en la lucha por la liberación de Andalucía y de su clase obrera de las garras de Europa y del capitalismo.

Y en eso estamos, después de más de 80 años de intentos continuados de exterminio del pueblo andaluz, han vuelto a surgir centros andaluces en Granada, Almería, Huelva, Málaga. Hemos vuelto a asumir, como lo hicieran en la Asamblea de Ronda de 1918, la Constitución andaluza de 1883 y en estos momentos nos deberíamos  encaminar a la lucha por nuestro proceso constituyente, tal y como se lo plantearan los Centros Andaluces a partir de la Asamblea de Córdoba de 1919.

Este año estamos organizando en Granada las III Jornadas por la Constitución andaluza los días 28 y 29 de Octubre en el aniversario de la de 1883. Y realizaremos la segunda manifestación por la Constitución de Andalucía de la historia, después de la del año pasado en Sevilla.

Dicen que la Andalucía actual es la que en un momento soñó Blas Infante. Y esto puede ser así para quienes hablan desde el poder constituido. Pues cuando se constituyó la II República se frenaron en seco las esperanzas de Blas Infante en la construcción de una Andalucía de abajo hacia arriba y por los de abajo y en la que se liberara además la clase jornalera de su esclavización en el trabajo. Esperanzas que continuarán ahogadas durante el franquismo y bajo el actual orden constitucional del 78.

Ben Jaldún, compatriota nuestro del siglo XIV, nos dice que esta gente, la que habla desde el poder constituido, ya han olvidado lo que Dios y el pueblo tuvieron que hacer previamente, hasta llegar a constituirse: la ´assabiya o poder constituyente que todo pueblo tiene antes de convertirse en ciudad o imperio. Genio andaluz lo llamaba Infante.

El poder constituido no conmemora este fatídico aniversario por aquello de no reabrir heridas. Ellos se manifestaron en el aniversario del nacimiento de Blas Infante el pasado 5 de julio en un acto institucional del Parlamento andaluz mediante un discurso de la presidenta, verdadera virreina de la corona borbónica en Andalucía, y donde, entre otras ausencias y carencias, no se gritó en momento alguno ¡Viva Andalucía libre!, más que ná porque necesitan que sigua esclava.

Hoy nos manifestamos diversas formas de entender nuestro genio, nuestro poder constituyente, nuestra ´assabiya. Unas que lo entienden cono otorgamiento o privilegio de un poder superior, el Estado español, el amo que nos impuso Europa. Otros aun compartiendo nuestra visión que se contiene en el artículo 1 de la Constitución andaluza, en la que el poder en Andalucía no proviene de ninguna autoridad superior al de las autonomías cantonales que la forman, no asumen la misión de acabar con el capitalismo.

Nosotras y nosotros en cambio, nuestra ´assabiya, nuestro genio asume  en una misma lucha la liberación política, la liberación económica y la liberación de nuestras mentalidades colonizadas. Sobre todo por encontrarnos en momentos similares a los que viviera el andalucismo histórico desde la creación de los centros andaluces hasta la proclamación de la constitución republicana.

Entrado en crisis el Estado central, no tan solo por males propios del amo sino de quienes nos lo impuso, Europa, es el momento de que entre en escena nuestra ´assabiya, nuestro genio, nuestro poder constituyente, el que se asiente en las herramientas de soberanía que seamos capaces de construir en cada municipio, en cada comarca andaluza: asambleas de vecinos y vecinas para la toma de decisiones políticas; asambleas de trabajadores para asumir la dirección de la economía; y nuestras propias academias y universidades que sirvan para que los homo sapiens, al menos los y las andaluzas, evolucionemos a personas.

Intentando en el empeño ser, convertirnos o parecernos a esos comunistas del segundo tipo de los que se refería el propio Infante: los que trabajan para los demás, y no de los que viven del trabajo de los demás.

Comatriotas, tras siglos de dominación sobre Andalucía y sobre su clase obrera, la bandera blanca y verde comienza a iluminarse con la estrella roja de la libertad, para alumbrarnos en el trabajo de hacer los caminos que tengamos que hacer. Y no para pedir, sino para la conquista de la tierra, de la paz y de la libertad.

Sean por Andalucía Libre, sus municipios libres, sus comarcas libres, todos los pueblos colonizados y periféricos y la humanidad entera libres del capitalismo y de la sociedad occidental y occidentalizada que lo ampara.

Viva Andalucía libre

Viva la clase obrera andaluza.