4 de Diciembre. Día nacional de Andalucía

El Sindicato Unitario ha celebrado el día nacional de Andalucía colaborando en dos actos. Uno organizado por la Asamblea de Andalucía en Sevilla, en los locales de la Asociación pro Derechos Humanos. Y otro en Huelva, en nuestros locales, organizado por Nación Andaluza.

Huelva

CAM00311El compañero Paco Campos de Nación Andaluza realizó una conferencia sobre Memoria, Identidad y Lucha. Repasó la historia de nuestro pueblo para demostrar que bajo la misma, la historia oficial, se falsean los hechos históricos bajo el único objetivo de borrar nuestra memoria y con ello impedir el desarrollo de nuestra identidad en libertad.

A la finalización del acto se hizo un brindis por Andalucía con vino del Condado.

Puedes acceder al comunicado de Nación Andaluza en este enlace:

http://www.nacionandaluza.info/comunicados/04122014_comunicado_4d_2014.html

Sevilla

IMG-20141205-WA0002Convocados por Asamblea de Andalucía, hemos participado en una charla-debate donde nuestro compañero Miguel transmitió a los asistentes la reflexión del Sindicato Unitario sobre el día nacional de Andalucía, enmarcado en una situación social donde se comienzan a cuestionar la legitimidad del régimen político actual y del sistema capitalista.

Además de nuestro compañero intervinieron Pastora Filigrana en representación del SAT, Jesús Jurado en representación de la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda e Isidoro Moreno por Asamblea de Andalucía. A continuación transcribimos nuestra intervención.

4 de diciembre, Andalucía: Problemáticas actuales y futuros posibles.

Vamos a hablar la posibilidad de dos futuros distintos por antagónicos para, a continuación, centrarnos en las problemáticas actuales, las que pueden favorecer un futuro de paz, libertad y progreso o por el contrario, un futuro reaccionario, capitalista o incluso peor que el capitalista en el caso de que el sistema esté dando sus últimas bocanadas como afirman algunos autores de las ciencias sociales, tanto de izquierdas como de derechas.

El primer futuro posible es el que puede soñar alguien que al igual que yo milita en un pequeño grupo de trabajadores y trabajadoras asociadas para defendernos de los ataques continuos de la patronal y asociadas para construir un futuro mejor. Una organización, el Sindicato Unitario, que al igual que otras similares sindicales, sociales y políticas no hemos podido dar respuestas colectivas eficaces para mejorar la situación de los más desfavorecidos.

Un futuro que podemos llamar anticapitalista en el sentido progresista o socialista, aunque el nombre es lo de menos. Lo importante es el contenido que seguro que es un futuro muy parecido al que soñaran muchas andaluzas y andaluces desde el siglo XIX hasta hoy. También muy parecido al de muchos andaluces y andaluzas aquel 4 de diciembre de 1977.

Y ese futuro es el de una Andalucía Libre que se podría materializar con los siguientes contenidos políticos y económicos:

  1. En la organización política de Andalucía Libre la Autonomía Municipal será un principio capital substantivo (principal y fundamental), como planteara en su momento Blas Infante. Pero entendida; esa autonomía, como la formada por la voluntad de los vecinos y vecinas. Por ello habrá que contemplar la organización de asambleas comunales legislativas, como recoge la constitución federal de Andalucía de 1883. Así los concejales se convierten en brazos ejecutores de la voluntad de las vecindades en lugar de ser, como en la actualidad, brazos ejecutores de la voluntad del gobierno del Estado.
  2. Las provincias se convertirán en Estados por la voluntad de los municipios que los formen, debiendo estar representados todos ellos, junto a todas las organizaciones sindicales, sociales y políticas en una Junta o Consejo Federal Andaluz.
  3. Los representantes de todos los órganos políticos serán representantes de esos órganos, nunca de la soberanía popular que queda siempre en manos de las asambleas municipales.
  4. La Federación Andaluza, respetando la diversidad y las diferencias de cada estado miembro, actuará para poner una voz unitaria al conjunto del país y velará por un trato y unas relaciones en pié de igualdad con otras realidades políticas y culturales.

Como también decía Blas Infante: Variedad: libertad para la variedad; de municipios, de enseñanza y de aprendizaje; de religiones; de justicia, de cultivos y de industrias; de inmigración y de emigración… Una Isla de Humanidad entre dos mares y dos continentes…

Pero además, en el futuro de una Andalucía Libre, la economía estará al servicio de los seres humanos en lugar de estar el servicio de unas élites minoritarias, donde estén desmercantilizados los servicios públicos y los derechos sociales para garantizar una vida digna, la existencia (que es algo más que el derecho a la vida) y la reproducción de los recursos naturales. Pero donde lo principal y fundamental que se encuentre desmercantilizado sea el trabajo humano.

En la obra de Marx se establece una relación de igualdad entre el trabajo asalariado moderno y la esclavitud de la antigüedad. Pero antes de desarrollar esta cuestión vamos a detenernos en la definición que el ordenamiento jurídico español establece sobre la Dignidad Humana, según sentencia del Tribunal Constitucional (STC 53/1985) del Estado español.

Valor espiritual y moral inherente a la persona, íntimamente vinculado al libre desarrollo de la personalidad y a los derechos a la integridad física y moral, a la libertad de ideas y creencias, al honor, la intimidad personal y la propia imagen, que se manifiesta singularmente en la autodeterminación consciente y responsable de la propia vida y que lleva consigo la pretensión de respeto por parte de los demás.

Resulta de esto que la dignidad humana está ausente durante la jornada laboral en la parte que ocupamos la clase obrera en las relaciones laborales. Y no puede ser de otra forma si tenemos en cuenta que el contrato de trabajo asalariado actual procede de un contrato de arrendamiento de servicios de esclavos del Derecho Romano, como nos plantea el catedrático de Derecho Romano Ángel Gómez-Iglesias Casal en la Regulación del Trabajo en Roma y en la moderna legislación española.

En el siglo IV a.n.e. Aristóteles planteaba que el sentido de la vida consistía en gozar lo que otros producen. Claro, que si se lo preguntáramos a un esclavo de su época éste diría, con toda la razón que el sentido de la vida era producir lo que otros gozaban. Exactamente lo mismo que podrían decir hoy (Europa Occidental, siglo XXI), los trabajadores y trabajadoras de Andalucía y del mundo entero. Además, el que el capital financiero se haya impuesto sobre el capital industrial, no viene a significar que la clase obrera ya no es lo que era, como manifiesta muchos que se autodenominan de izquierda y otro muchos que no saben si son de derechas o de izquierdas. Sino que al contrario, y nosotros lo sabemos bien, lo que significa es que la condiciones de explotación se han intensificado y que en la actualidad se encuentran extendidas a todo el planeta.

Por esto, reivindicar desde la clase obrera la dignidad no es compatible con reivindicar la vuelta al Estado del Bienestar. Las luchas actuales que son propagadas por los medios de comunicación del régimen, están encabezadas por consignas como las 35 horas semanales, subidas salariales, vuelta de la negociación colectiva, nacionalización de la banca… Pero ninguna reivindica la abolición del trabajo asalariado. Todas reivindican un trato digno a los esclavos y esclavas de la modernidad, pero ¿puede haber dignidad en la esclavitud?

Marx en Salario, precio y ganancia dice:

… la clase obrera no debe exagerar a sus propios ojos el resultado final de estas luchas diarias. No debe olvidar que lucha contra los efectos, pero no contra las causas de estos efectos; que lo que hace es contener el movimiento descendente, pero no cambiar su dirección; que aplica paliativos, pero no cura la enfermedad. No debe, por tanto, entregarse por entero a esta inevitable lucha guerrillera, continuamente provocada por los abusos incesantes del capital o por las fluctuaciones del mercado… En vez del lema conservador de “¡Un salario justo por una jornada de trabajo justa!”, deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria: “¡Abolición del sistema del trabajo asalariado!

Ahora bien, el desarrollo actual de las ciencias sociales y de la información nos amplía la visión sobre la relación capital-trabajo. Hoy sabemos que la fuerza de trabajo usado por el capital desde el principio ha sido blanca y de color, macho y hembra, madura y joven, incluso infantil. Sólo una pequeña parte (blanca, hombre y madura), ha estado sometida a una cierta ética del trabajo, mientras que el resto, la mayoría (mujeres, niños y ancianos), producen bajo condiciones de servidumbre.

Por todo esto, el futuro que soñamos una pequeña parte de la clase obrera andaluza es un futuro libre. Donde como vecinos y vecinas de un municipio determinado ejerzamos el poder legislativo, donde residan todas las competencias y toda la soberanía popular siempre. Donde los órganos centrales sean órganos de trabajo, coordinación y ejecución de la voluntad popular. Donde seamos dueños de nuestros destinos y de nuestros recursos naturales, explotados en la proporción necesaria para su reproducción. Y donde se encuentre desmercantilizados los servicios públicos, los derechos sociales y, sobre todo, la fuerza de trabajo.

Hoy, 4 de diciembre de 2014, al igual que en 1977, este futuro soñado comparte espacios con otros futuros soñados que coinciden, o comparten o complementan el que  hemos expuesto. Sin embargo el presente de Andalucía seguro que no coincide con la mayoría de los futuros soñados de libertad. Se ha hecho presente el que soñaron unos pocos. Uno que ha ampliado nuestra condición de colonia y nos ha empobrecido. El que nos ha llevado por la senda del neoliberalismo y el que se continúa postulando como capitán en los actuales momentos de transición cuando se está poniendo en cuestión todo el orden social,  y de donde puede surgir un nuevo orden mucho más injusto y explotador de la humanidad y de la naturaleza.

Y este es el futuro más probable, uno peor para los excluidos y para la inmensa mayoría de la comunidad política que aún sustenta con su consenso los diferentes regímenes del sistema, y mejor, mucho mejor para una cada vez más pequeña élite de monopolistas una vez superadas las barreras legales y físicas que aún les frenan para una mayor concentración de capital con el único objeto de concentrar más capital.

Para abordar la cuestión de las problemáticas actuales, vamos a centrarnos en las que nos encontramos la mayoría que soñamos con un futuro de libertad, el futuro de los excluidos, un campo cada vez más extenso en número y más intenso en cuanto a dolor y sufrimiento.

Estas problemáticas son las que definen dos campos dentro del conjunto de los que luchamos por la democracia y contra el capitalismo. Un campo es el de quienes luchan por la mejora de las condiciones de vida dentro del actual ordenamiento jurídico. El otro es el que lucha por lo mismo pero que además pensamos que solo será posible si al mismo tiempo estamos confeccionando otro ordenamiento jurídico distinto, el que corresponda a una nueva comunidad política, ya liberada porque haya conquistado su derecho a decidir y donde se hayan desmercantilizado las riquezas naturales y el trabajo humano.

Esta es la misma problemática que hemos encontrado la población excluida en todos los momentos de transición anteriores. En todo ellos, las élites que participaban en la transformación social nos hacían los folletos mientras que nosotros poníamos los muertos. Así nos lo confirma el estudio del origen de clase de los representantes en las Cortes de 1812 y de los que luchaban en las calles de Cádiz contra el absolutismo y la invasión francesa.

También en la II República. Blas Infante se lamentaba que en unos momentos en la que España se encontraba preñada de nueva vida, en lugar de parteros teníamos como representantes del pueblo a modistos que se esforzaban en los cambios de los nombres de las calles y de los colores de las banderas pero que dejaban intactas las herramientas de dominación y explotación. Lo mismo que en la Transición de los 70 que ya antes hemos señalado.

Hoy corremos el mismo riesgo. Esta es una problemática actual, principal y capital. Si los de abajo, los excluidos, los productores ponemos nuestras energía de lucha al servicio de la luchas encabezadas por quienes no se plantean la posibilidad de derrotar al capitalismo, nos ponemos al servicio de los intereses de quienes es más probable que triunfe en la actual remodelación del ordenamiento jurídico. Y con ello condenamos nuestros sueños de libertad a la prisión de la utopía.

Si por el contrario encontramos la manera de organizar la defensa de nuestros intereses; pero en el camino de la liberación, podremos hacer que nuestro futuro, o nuestros futuros soñados, se conviertan en probables y el de las actuales élites explotadoras en una utopía, no, mejor en una quimera.

Ojalá en el futuro más cercano posible, nuestro grito de paz deje de ser un deseo porque se haya hecho realidad: Viva Andalucía Libre.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *