REDUCCIÓN DE LA JORNADA LABORAL: TRUCO O TRATO

Reducción de la jornada laboral, sin reducción de salario. De entrada suena bien y parece una propuesta del interés de los trabajadores y trabajadoras, un avance en la conquista de nuestros derechos. ¿Es realmente así?
Hay que tener en cuenta los antecedentes inmediatos del gobierno “progresista” que prometía en campaña electoral y, luego firmaban en su acuerdo de gobierno, la derogación de la reforma laboral y la derogación de la ley mordaza. Ambas promesas incumplidas, en particular, la derogación de la reforma laboral, que quedó en una reforma de la reforma laboral de Rajoy, presentada por este gobierno “progresista” y aprobada por el parlamento gracias al “error” en la votación de uno de los diputados de la oposición del PP. Reforma laboral del gobierno “progresista” que ha acabado mejorando la anterior del gobierno del PP todavía más a favor de los intereses empresariales. como ya explicamos en un artículo de análisis en su momento (https://www.sindicatounitario.net/prometieron-dorogar-la-reforma-laboral-del-pp-pero-la-han-mejorado).
Tengamos también en cuenta también los antecedentes históricos de reducciones de jornada laboral, conseguidas por la clase obrera gracias a su lucha. A principios del siglo XX, la jornada de trabajo era de 12 horas al día y 6 días a la semana, sólo se descansaba los domingos. Esto culminó con la promulgación de la Ley de Jornada de Trabajo el 3 de abril 1919, que estableció la reducción a 8 horas diarias de la jornada laboral, conquista que se consiguió tras una larga lucha obrera con una huelga que comenzó el 5 de febrero de 1919, con una duración de 40 días en la empresa la Canadiense y que consiguió una casi paralización de la industria catalana. La huelga concluyó con éxito consiguiendo además otras reivindicaciones. La letra pequeña de aquella conquista contenía mejoras salariales, readmisión de obreros despedidos y la liberación de miles de detenidos. Con la dictadura franquista la duración del trabajo llegaba a alcanzar las 60 horas semanales, aunque esta cifra se redujo posteriormente a 48 horas.
Aquella conquista obrera contrasta hoy con lo que parece un derecho “regalado” por el gobierno. Por ello, nos podemos planear si los derechos laborales se conquistan con la lucha obrera o también pueden ser cedidos sin una lucha previa por gobiernos “progresistas” de turno. Y si los derechos se conquistan con lucha obrera ¿dónde está el truco de este aparente regalo de un nuevo derecho?
No sería la primera vez que se reduce la jornada laboral sin lucha ni victimas obreras previas. El primer gobierno del PSOE en democracia, con Felipe González de presidente, redujo la jornada laboral desde las vigentes 42 en jornada completa y 43 en jornada partida, a 40 horas semanales. Sin embargo, “la letra pequeña” del decreto del gobierno permitió a la Patronal ganar en los tribunales la distribución irregular del horario, dentro de la jornada laboral anual, hasta un 10 % del total. Lo que daba al empresariado el poder de ampliar o reducir unilateralmente, según sus necesidades productivas, la jornada laboral de 40 horas semanales. La gota que colmaba el vaso para los sindicatos fueron las instrucciones del gobierno sobre la aplicación del decreto de reducción de la jornada laboral que además la retrasaban en el tiempo y que supusieron enfrentamientos entre PSOE y UGT.
Algo similar ocurre ahora, el actual PSOE que ha pretendido que la implantación de la medida acordada de reducción de la jornada laboral no sea inmediata sino que abre un proceso en el que se alarga el plazo en su aplicación.En la época anterior del gobierno González, en el PSOE estaban, los denominados por la prensa, guerristas y los renovadoresl Las alas izquierda y derecha respectivamente Ahora tenemos el PSOE por una parte y Sumar por otra, pero el guión de la obra sigue siendo similar. Cada uno atendiendo a un “nicho de mercado” electoral. Uno hace el papel de izquierda responsable que concilia intereses del sector empresarial y de los trabajadores y otro se presenta como garante de los intereses de los trabajadores y que para ello obliga a girar hacia la izquierda al gobierno, siendo este el marco de la pelea en esta materia entre el ministerio de trabajo de Sumar y el de economía del PSOE.
El tiempo de trabajo es simplemente todo el tiempo que el empleado está a disposición del empleador y ejerce su actividad laboral. Es independiente de cómo se distribuya. El tiempo total de trabajo se divide en jornadas de trabajo semanal o diaria y esta última se divide en horas. La jurisprudencia en el Estado español establece que es legal trabajar un máximo de unas 1800 o 1826 horas al año, lo que se traduce en una jornada laboral promedio en cómputo anual de 40 horas semanales. Así, que en realidad, CCOO y UGT sólo han pedido y firmado la reducción del número total de horas anuales, no han pedido ni firmado reducir la jornada laboral semanal o diaria. Tan sólo que al reducir las horas trabajadas anualmente resulta una jornada laboral semanal promedio reducida de 40 a 37,5 horas. Pero la jornada laboral semanal y diaria de todas y cada una de las semanas y días del año no se van a reducir. Esta reducción del tiempo de trabajo anual puede ser el fundamento para una nuevas exigencias de la Patronal como pueden ser el aumento de los ritmos de trabajo, del poder de control sobre los trabajadores o de una ampliación de la distribución irregular de la jornada de trabajo a realizar por parte del empresariado, gracias a que se amplíe el límite legal vigente actualmente en el Estatuto de los Tabajadores del 10 % de la jornada laboral anual. Se trataría de hacer legal y general lo que ya en la práctica ocurre en muchas empresas, donde tienen distribución irregular de una buena parte o la totalidad de su jornada laboral anual como las trabajadoras de las cooperativas agrícolas andaluzas o las de ayuda a domicilio, por ejemplo. Así el empresariado podrá ampliar más todavía su poder sobre nuestra vida, decidiendo unilateralmente y sin acuerdo previo sobre mayor cantidad de tiempo de la jornada laboral, convocándonos a trabajar cuando le interesa según las necesidades de la producción y organización empresarial. Incluso avisando el mismo día o cuando estas de vacaciones o al contrario mandándonos a casa en jornada laboral prevista, cuando hubiese menos trabajo, quedando el trabajador a deber las horas no trabajadas ese día, para hacerlas otro rebasando así la jornada límite de 40 horas semanales y además sin computar ni pagarlas como horas extras. Ahorrando de esta manera costes y haciendo más rentable su empresa a costa de nuestra calidad de vida, de nuestra vida familiar, ocio, necesidades y de nuestra libertad en la organización de nuestro tiempo, tratándonos todavía más como piezas del engranaje de su maquinaria productiva.
Por otra parte, el promedio siempre implica la necesidad de un control exhaustivo de las horas anuales trabajadas para calcular efectivamente si se ha respetado el límite promedio máximo de jornada laboral. Con lo cual la práctica de rebasar ampliamente el límite tanto antes con las 40 horas semanales como ahora con las 37,5 horas semanales de jornada laboral es legal, y no se puede determinar si hay ilegalidad hasta posteriori, pasado un año y hechas las cuentas, con lo cual está servida la base para que las empresas ni siquiera respeten y cumplan la legalidad del promedio de jornada laboral en computo anual. De manera que si tu empresa no respetaba las 40 horas, seguirá teniendo condiciones para no respetar las 37,5 horas. Sin embargo, si lo reivindicado, pactado y firmado hubiera sido una jornada laboral de 37,5 horas semanales, cualquier trabajador o trabajadora podría comprobar de manera sencilla, objetiva e inmediata al finalizar su jornada laboral diaria o semanal, si está habiendo una ilegalidad por parte de la empresa o no.
Tampoco en el acuerdo actual sobre reducción de la jornada de trabajo hay ninguna referencia a la Inspección de Trabajo y respecto a las sanciones a las empresas por incumplimiento de la legislación laboral, en particular lo relativo al tiempo de trabajo, abuso de horas extraordinarias ilegales y no pagadas, superación de la jornada máxima legal de trabajo, etc. Las cantidades de las sanciones son relativamente exiguas y van de los 1.000 a 10.000 euros como máximo, totalmente asumibles para los márgenes de beneficios de las medianas y grandes empresas. Por comparar la cuantía de sanciones, en el Código de Tráfico y Seguridad Vial, por un aparcamiento ilegal o pisar una línea continua la multa son 200 euros, que para un trabajador o trabajadora que cobre el salario medio en España que es de unos 1320 euros mensuales, representa el 15 % de su salario mensual. Sin embargo, a una empresa por incumplir la legislación laboral, en el improbable caso de una Inspección de Trabajo y que esta concluya con sanción, las sanciones contempladas en el acuerdo no son un porcentaje sobre beneficios de la empresa del orden del 15 % como si es para cualquier trabajador una sanción mínima por incumplir el código de circulación.
También merece especial mención el registro de jornada por medios digitales para el control del tiempo de trabajo, incluido también en el acuerdo y justificado para “impedir la proliferación de horas extraordinarias ilegales e impagadas”. Así, es el propio empresariado el que gestionará y controlara el registro de jornada digital ¿Lo va a emplear para impedir el abuso de horas extraordinarias y otros abusos sobre el tiempo de trabajo que él mismo lleva a cabo? ¿O más bien lo empleará como una especie de manijero o capataz digital para reforzar su poder y control sobre sus trabajadores y trabajadoras y controlarles al segundo el tiempo que trabajan? Ya tenemos ejemplos de prácticas en empresas que descuentan como tiempo de trabajo incluso tiempo de ir al servicio o de descanso para bocadillo. Y ya tenemos a la Patronal desbocada pidiendo, ante la inminente aprobación de la medida en el parlamento, que se apruebe en la tramitación de la medida un nuevo motivo de despido disciplinario, a saber, no rellenar el registro de jornada por un o una trabajador/a. Aumentando así la presión, estrés de los trabajadores/as que simplemente por un olvido puntual de un día en hacer el registro de jornada se ven verían abocados a la pérdida de su puesto de trabajo.
Finalmente una reflexión. Subyace en la propuesta de la reducción de la jornada laboral, la idea que con el avance científico y tecnológico de los medios productivos y el consecuente incremento de la productividad derivada de los mismos se abre un horizonte de reducción progresiva de la jornada laboral. Claro, por negociación y acuerdos de gobiernos “progresistas” y sindicatos “responsables” para, con todo ello, conquistar derechos laborales y mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y trabajadoras, sin necesidad de organización y lucha obrera.
Sin embargo, una de las formas en que la casta empresarial en el sistema capitalista tiene de acumular capital, de aumentar sus beneficios, ante las crisis y la caída de la tasa de ganancia, es extender el tiempo de trabajo, prolongar y no reducir la jornada laboral. Así como también intensificar los ritmos de trabajo para aumentar la explotación de la clase obrera, aumentar la extracción de plusvalía y con ello aumentar los beneficios. De manera que es una quimera, pensar que bajo el capitalismo, aunque el desarrollo científico y tecnológico lo permitiera, se podrá reducir el tiempo de trabajo de manera significativa para tener una vida en libertad y con tiempo y capacidad para desarrollar todas las potencialidades de cada trabajador trabajadora como ser humano. Además, cuando la clase empresarial acepta una reducción hasta cierto punto del tiempo de trabajo, suele incluir un aumento de los ritmos de trabajo, una distribución más irregular de la jornada y otras ventajas más para acabar ganando productividad y beneficios, como vemos en la evolución histórica de estas reducciones.
Marx, en el manifiesto inaugural de la I Asociación Internacional de los trabajadores en 1864 hablaba de la lucha por la limitación de la jornada de trabajo, haciendo referencia a la conquista de las 10 horas diarias por ley tras 30 años de lucha por la clase obrera inglesa como una victoria. Decía que dicha conquista “decidía sobre la gran disputa entre la dominación ciega ejercida por las leyes de la oferta y la demanda, contenido de la economía política burguesa y la producción social controlada por la previsión social, contenido de la economía política de la clase obrera”. Marx, también decía en su obra Salario, precio y ganancia, que la clase obrera debemos inscribir en nuestras banderas la consigna de la abolición del trabajo asalariado. De esta manera, sólo cuando superemos el trabajo asalariado, podremos reducir significativamente la jornada de trabajo al tiempo que producir y distribuir los bienes y servicios necesarios para la Vida nuestras sociedades.
En definitiva, sólo cuando desde el Poder acabemos con el trabajo asalariado, y las relaciones que fundamenta de explotación y caracterizado por la alienación, ajenidad, dependencia y subordinación, y cuando lo sustituyamos por otras relaciones de producción, por un trabajo asociado, cooperativo donde, los trabajadores y trabajadoras tengamos el control democrático de la organización y gestión del trabajo, la decisión sobre la producción y sobre los excedentes, la planificación de la economía, etc. tanto a nivel de empresa, sector y nación, mediante el Poder del Estado en manos de la clase obrera para establecer este trabajo cooperativo nacional, entonces podremos reducir el tiempo de trabajo significativamente para poder desarrollarnos como seres humanos plenos y libres al tiempo que compatibilizarlo con satisfacer globalmente las necesidades de toda la sociedad, de toda la comunidad donde está inmersa esa clase obrera. Un poder político de esa naturaleza, necesario para establecer un nuevo tipo de trabajo, el trabajo asociado cooperativo, necesitará de una constitución social que tenga precisamente ese objetivo de acabar con el trabajo asalariado.Tal propuesta constitucional ya existe en nuestra historia, la constitución Andaluza de 1883, cuyo objetivo declarado es la independencia económica de todos, conseguir la verdadera justicia social.
La Constitución Andaluza fue redactada por los republicanos federales andaluces en 1883 con un fuerte componente obrero y liberador. Así, establece como miembros del poder legislativo nacional a representantes obreros, “diputados profesionales o de clase” con iguales derechos que los diputados representantes de la población, y todos elegidos por sufragio universal, libre, directo… Y plantea que el trabajo asociado, con disposiciones como la del cultivo y colonización de los bienes raíces de la región y su explotación industrial por parte de las referidas sociedades obreras, como arrendatarias preferidas del Estado.

El 1º de mayo no es una fecha cualquiera en el calendario. Es, ante todo, un recordatorio incómodo: todo lo que la clase trabajadora ha conquistado lo ha hecho luchando. Nada fue regalado. Y nada será regalado. En Andalucía, esta afirmación no es una consigna abstracta, sino una realidad cotidiana. Vivimos en una tierra rica en recursos y en capacidad humana, pero empobrecida por un modelo económico que nos sitúa en una posición subordinada: salarios bajos, precariedad estructural, dependencia productiva y un mercado laboral marcado por la temporalidad y la inseguridad. Desde la perspectiva del Sindicato Unitario de Andalucía, esto no es casual. Es la consecuencia lógica de un sistema —el capitalismo— cuya base es la extracción de plusvalía, es decir, la apropiación del trabajo ajeno por parte de la minoría que ostenta el poder económico y que, por ello, controla y dirige los demás poderes del Estado. En ese marco, Andalucía funciona como una colonia interna: produce riqueza, pero no la retiene. Esta realidad ya fue intuida, desde otras coordenadas históricas, por figuras como Fermín Salvochea y Blas Infante. Salvochea, desde su práctica revolucionaria y municipalista, entendió que la cuestión social no podía separarse de la vida concreta de la clase obrera. Su defensa de la justicia social, de la redistribución y de la dignidad de los más humildes no era teórica: era una forma de acción política directa frente a un orden injusto. En su experiencia, especialmente durante el cantonalismo andaluz, aparece una idea clave: sin transformación de las condiciones materiales de vida, no hay libertad real. Por su parte, Blas Infante vinculó la cuestión social con la cuestión nacional andaluza. Identificó que la situación de Andalucía no era solo económica, sino también política: una tierra subordinada, cuya riqueza era sistemáticamente apropiada desde fuera. Su pensamiento señala un punto de conexión fundamental con el análisis marxista: la necesidad de que los pueblos controlen sus propios recursos para poder garantizar justicia social. Hoy, esa doble lectura —social y territorial— sigue plenamente vigente. Y no solo en los centros de trabajo, sino también en el escenario internacional. Las guerras actuales no pueden entenderse al margen de los intereses económicos que las sostienen: control de recursos, mercados, rutas estratégicas. Mientras los pueblos ponen los muertos, el capital acumula beneficios. Y esa dinámica también nos afecta aquí. Andalucía forma parte de esa geografía del capital: bases militares, infraestructuras al servicio de estrategias externas, y una economía vulnerable a las decisiones de actores que están muy lejos de nuestra realidad. Pero si hay una expresión especialmente cruda de esa violencia estructural que convierte a seres humanos en recursos humanos, es la siniestralidad laboral. En Andalucía mueren, de media, dos trabajadores a la semana en accidentes laborales. No estamos ante hechos aislados ni inevitables. Estamos ante consecuencias directas de un modelo productivo que prioriza el beneficio sobre la vida. Falta de medidas de seguridad, ritmos de trabajo intensivos, externalizaciones, precariedad… todo ello configura un entorno donde trabajar puede costar la vida. Las cuatro muertes en el primer trimestre del año por accidentes laborales en Huelva no son una excepción. Es parte de un patrón. Nombrarlo es importante. Porque frente a la lógica deshumanizadora del sistema, que convierte las vidas en estadísticas, el movimiento obrero tiene la tarea de devolverles su dimensión concreta: eran compañeros, tenían nombres, historias, familias. Y sus muertes interpelan directamente a las condiciones en las que se organiza el trabajo. En este punto, la ética política de Salvochea vuelve a ser pertinente: no hay justicia posible si se tolera el sufrimiento evitable de la mayoría. Y, en clave andaluza, también resuena la denuncia de Infante sobre una tierra donde las condiciones de vida de su pueblo han sido históricamente subordinadas a intereses ajenos. En este contexto, las luchas actuales en Andalucía adquieren una importancia central.El actual conflicto de los compañeros del metal en Cádiz es un ejemplo claro. Es la expresión de una clase trabajadora que se niega a aceptar la pérdida constante de derechos, que se organiza y que confronta a la patronal y al sindicalismo de concertación. Su capacidad de movilización conecta con una larga tradición de lucha en la Bahía, donde la conciencia obrera ha sido históricamente un elemento de resistencia. No es casual que Cádiz, tierra de Salvochea, siga siendo hoy un referente de combatividad obrera. Del mismo modo, la situación de clase jornalera en revela otra cara del mismo sistema. La agricultura intensiva, uno de los pilares económicos de la región, se sostiene en gran medida sobre condiciones laborales y de vida que no cumplen unos mínimos de dignidad: jornadas extenuantes, salarios bajos. Considciones indignas que se convierten en condiciones de esclavitud en el sector de la clase jornalera andaluza víctimas de las mafias del tráfico de personas, a los que la Patronal no duda en usar en cualquier momento, recluidos en asentamientos sin servicios básicos y trabajando sin ningún derecho. Aquí el capital opera mediante una doble explotación: económica y social. Utiliza la vulnerabilidad administrativa y la exclusión para imponer condiciones que serían más difíciles de aplicar a otros sectores de la clase trabajadora. Esta realidad interpela directamente al ideal de justicia social que tanto Salvochea como Infante defendieron, cada uno desde su perspectiva: una sociedad donde la dignidad no dependa del origen, la condición o la posición económica.Por eso, cualquier planteamiento sindical que aspire a ser transformador debe partir de una premisa clara: no hay clase trabajadora de primera y de segunda. La división solo beneficia al capital. Desde el sindicalismo de clase que representa el Sindicato Unitario de Andalucía, la tarea es precisamente la contraria: construir unidad. Unidad entre sectores. Unidad entre territorios. Unidad entre trabajadores autóctonos y migrantes. Porque la fragmentación es una de las principales herramientas de dominación del capitalismo. Ahora bien, la unidad por sí sola no es suficiente. Debe ir acompañada de organización y de lucha. La experiencia histórica del movimiento obrero demuestra que los derechos no se consolidan mediante la mera negociación, sino a través de la presión organizada. La huelga, la movilización y la acción colectiva no son anomalías: son mecanismos fundamentales de equilibrio frente al poder del capital. En este sentido, el sindicalismo no puede limitarse a gestionar lo existente. Tiene que aspirar a transformarlo. Eso implica plantear alternativas: control social de los sectores estratégicos, garantía de condiciones laborales dignas, acceso universal a la vivienda, fortalecimiento de los servicios públicos. Pero, sobre todo, implica cuestionar las bases mismas de un sistema que convierte la vida en mercancía. En términos que hoy podríamos releer tanto desde Marx como desde Infante, se trata de avanzar hacia una sociedad donde la riqueza producida colectivamente revierta en la mayoría social y donde los pueblos dejen de estar subordinados a intereses externos. El 1º de mayo, por tanto, no es solo una jornada reivindicativa. Es también un momento de clarificación. Frente a un modelo que genera precariedad, desigualdad y violencia —tanto en forma de guerras como de siniestralidad laboral—, la respuesta no puede ser individual. Solo puede ser colectiva. Organizarse no es una opción ideológica. Es una necesidad material. Y en Andalucía, esa necesidad es urgente. Porque aquí, más que en otros lugares, se cruzan todas las contradicciones del sistema: dependencia económica, precariedad laboral, explotación agraria, uso estratégico del territorio y una larga tradición de lucha obrera. Esa tradición no es un recuerdo. Es una herramienta. De Salvochea a Infante, de las luchas jornaleras a los conflictos actuales, hay un hilo común: la dignidad no se concede, se conquista. Y el 1º de mayo es un buen momento para recordarlo: la historia no la escriben quienes se adaptan, sino quienes se organizan y luchan. Esa sigue siendo la tarea.

Estimadas compañeras y estimados compañeros: Desde el Sindicato Unitario de Huelva queremos trasladaros nuestra profunda consternación y dolor ante el reciente fallecimiento de un trabajador del sector del metal en nuestra provincia, como consecuencia de un accidente laboral. Este trágico suceso vuelve a poner de manifiesto la grave problemática de la siniestralidad laboral, que continúa cobrándose vidas obreras de forma intolerable. Entendemos que este hecho no puede quedar en el silencio ni en la resignación. La muerte de un trabajador en su puesto de trabajo es una cuestión que interpela al conjunto de la clase trabajadora y exige una respuesta firme, unitaria y visible por parte de las organizaciones sindicales. Por todo ello, desde el Sindicato Unitario apoyamos la propuesta de la familia de nuestro compañero Mariano Álvarez Rodríguez a la convocatoria de concentración, con el objetivo de: Mostrar nuestra solidaridad con la familia, amistades y compañeros del trabajador fallecido. Denunciar públicamente esta muerte laboral. Exigir el esclarecimiento completo de los hechos y la depuración de responsabilidades. Reivindicar condiciones de trabajo seguras y dignas para el conjunto de la clase trabajadora. Reclamar medidas efectivas que pongan fin a esta lacra de la siniestralidad laboral. Consideramos fundamental ofrecer una respuesta unitaria del movimiento sindical, que esté a la altura de la gravedad de lo ocurrido y que contribuya a visibilizar la necesidad urgente de reforzar la prevención de riesgos laborales y la defensa de la vida y la salud de las personas trabajadoras. Viernes 20 de marzo, en la puerta principal de NATURGY desde las 14,00 a las 16,00 horas. Polígono Nuevo Puerto, calle A

La liberación de la explotación capitalista es tarea común de la clase obrera de todos los pueblos del mundo. Y las guerras provocadas por los Estados capitalistas, no solo fracturan la unidad necesaria para llevar a cabo dicha tarea sino que, aunque parezcan luchas entre naciones, solo son instrumento para la defensa de los intereses del capital. En estos momentos, esos intereses están sembrando de cadáveres de miles de trabajadores y trabajadoras las calles de las ciudades de nuestros pueblos hermanos del Mediterráneo. Entonces, si la liberación de la clase obrera andaluza requiere su unión consciente con los pueblos explotados del Mediterráneo, ¿cómo podrá realizarse mientras Andalucía continúe subordinada a una política exterior y militar que no responde a nuestras necesidades históricas —tierra, trabajo, soberanía, desarrollo industrial propio— sino a estrategias geopolíticas dictadas por centros de poder ajenos? Andalucía ha sido históricamente integrada en el capitalismo como periferia agraria, exportadora de materias primas, mano de obra barata y espacio logístico-militar. Sus puertos, su litoral y su posición estratégica en el Estrecho no han sido utilizados prioritariamente para articular un desarrollo autónomo al servicio de su pueblo, sino como piezas de un engranaje mayor: rutas comerciales controladas por grandes navieras, bases militares al servicio de alianzas armadas, enclaves turísticos orientados a la captación de renta externa. En el actual contexto de guerra global —guerras abiertas, tensiones en el norte de África, militarización del Mediterráneo oriental, control energético y migratorio— Andalucía vuelve a situarse en la frontera geopolítica. Pero esa centralidad estratégica no se traduce en soberanía popular, sino en mayor dependencia: incremento del gasto militar, consolidación de infraestructuras logísticas para la guerra, subordinación energética y alimentaria, y utilización del territorio como plataforma de proyección exterior. Frente a ello, cabe una primera crítica necesaria a quienes, invocando la seguridad, la estabilidad o la pertenencia a bloques internacionales, defienden a toda costa la participación del Estado español en esa dinámica de confrontación permanente. Su posición parte de un presupuesto falso: que la integración militar y la alineación automática con potencias dominantes garantizan prosperidad y protección. En realidad, consolidan la condición periférica de Andalucía, convierten su territorio en pieza imprescindible de una estrategia global y subordinan las prioridades sociales a los dictados del complejo militar-industrial y financiero. Nos quieren hacer creer que con la defensa (con nuestras economías, con nuestras vidas) de los intereses del capital transnacional, defienden el interés general. No son los intereses del jornalero, del trabajador portuario, del precariado turístico o del pequeño productor agrícola los que determinan estas orientaciones. Son los del capital transnacional, las industrias de defensa, las grandes distribuidoras alimentarias y los fondos de inversión que capturan la renta agraria y urbana. La guerra y la tensión permanente en el Mediterráneo elevan el precio de la energía, encarecen los alimentos, precarizarán aún más el empleo y legitiman políticas de excepción que refuerzan el control social. Al mismo tiempo, los pueblos de la otra orilla —Magreb, Oriente Próximo, Mediterráneo oriental— sufren las consecuencias más devastadoras: intervenciones, bloqueos, economías destruidas, migraciones forzadas y muertes. Y sin embargo, esos trabajadores y trabajadoras no son enemigos objetivos del pueblo andaluz, sino parte de la misma cadena de explotación que articula el capitalismo euro-mediterráneo. Aquí se impone una segunda crítica a quienes, proclamándose pacifistas o contrarios a la guerra, limitan su oposición al plano moral mientras preservan intactas las bases económicas que la generan. Rechazar la guerra sin cuestionar la lógica de acumulación capitalista que convierte territorios en plataformas estratégicas y pueblos en recursos descartables equivale a combatir los efectos y proteger la causa. La competencia interimperialista, la búsqueda de mercados y la apropiación de recursos no son anomalías del sistema; son su dinámica constitutiva. No habrá paz estable mientras persista un modelo basado en la explotación estructural y la desigualdad entre centros y periferias. Y una última crítica para quienes proclamaron en su momento ""OTAN, de entrada, NO" y ahora repiten el "No a la Guerra". A los mismos que hicieron lo posible y lo imposible para mantenernos vinculados a aquella organización criminal internacional. A los mismos que nos han involucrado en guerras como en Agfanistán, Yugoslavia, Libia, Ucrania... invocando el Derecho Internacional. Es decir, por el derecho que definía el Orden Mundial elaborado y ejecutado por las potencias capitalistas tras la II Guerra Mundial. Estos son los del Sí a las guerras legales, a las guerras que vienen a defender los intereses de las potencias capitalistas frente a los de los pueblos y la clase obrera. Hoy que, por lo que sea, defienden un orden mundial que está condenado a pasar al basurero de la historia por las conquistas sociales y económicas de la República Popular China conducida por su partido comunista. La clase obrera andaluza tiene, por tanto, una tarea histórica doble. Primero, desvelar el carácter de clase de la política exterior que convierte su territorio en plataforma militar y su economía en engranaje subordinado. Y segundo, tejer una alianza consciente con los pueblos mediterráneos explotados, basada en intereses materiales comunes: soberanía, control público de la energía, política de defensa armada, cooperación productiva sur-sur, defensa de los derechos laborales frente a la competencia a la baja impuesta por el capital. La vigilancia crítica de los acuerdos militares, de las inversiones estratégicas, de los tratados comerciales y de las políticas migratorias no es un asunto diplomático abstracto. Es parte de la lucha por el pan, la tierra y el trabajo en Andalucía. Cada euro destinado a la carrera armamentística es un euro sustraído a la reindustrialización, a la transición ecológica justa, a la educación y a la sanidad públicas. Reivindicar los intereses históricos de la clase obrera andaluza significa la afirmación de un internacionalismo mediterráneo desde abajo: el de los pueblos que comparten explotación estructural frente a centros de acumulación externos. La verdadera frontera no separa continentes; separa clases sociales. Una política exterior coherente con los intereses del pueblo andaluz exigiría prioridad a la cooperación económica equitativa con los pueblos del sur, defensa de los derechos humanos sin doble rasero y ruptura con la lógica de bloques que convierte el Mediterráneo en teatro permanente de confrontación. La lucha por esta orientación forma parte orgánica de la lucha general por la liberación de la clase obrera en Andalucía y en todos los pueblos oprimidos y explotados del Mediterráneo. Porque ningún pueblo periférico se libera aislado, y ningún trabajador gana con la guerra que enriquece a sus explotadores. Trabajadores y trabajadoras del Mediterráneo, uníos.

No sería la primera vez que el Sindicato Unitario solicita la participación de MOEVE (antes CEPSA Refinería La Rábida) en la mesa de negociación del convenio colectivo del sector de montajes. Siempre hemos considerado que son las empresas de todo el Polo Químico, encabezadas por MOEVE, las que deciden lo que pueden y lo que no pueden firmar los empresarios del metal en la negociación colectiva. Son “el negociador fantasma”: invisibles y silenciosos, pero siempre presentes, sin necesidad de invocaciones ni ritos estrafalarios. Y es lógico. En función de los costes laborales que surjan de la negociación, así tendrán que pagar más o menos a las empresas contratistas del metal por sus servicios. Sus objetivos económicos dependen de muchos factores, pero uno de los fundamentales es el coste de la mano de obra. Es decir, del precio que tendrán que pagarnos para que aceptemos dejar de ser seres humanos y pasar a ser simples recursos humanos, utilizados para su enriquecimiento con nuestro trabajo y con nuestras vidas. Como es de esperar, los representantes empresariales del montaje, siempre en defensa de sus principales clientes, niegan que la Asociación de Industrias Químicas, Básicas y Energéticas de Huelva tenga competencia alguna en la negociación colectiva del metal. Más adelante volveremos a esta cuestión. La negociación se iniciaba a principios de 2025 con unas propuestas, a defender frente a la patronal, acordadas entre todos los sindicatos participantes. Sin embargo, conforme se iba desarrollando la negociación y se avanzaba en posibles acuerdos, se incrementaba el malestar de los trabajadores, que veían dichos acuerdos muy por debajo de las expectativas iniciales. A ello se sumaba la ira acumulada tras tantos años de condiciones laborales que dejan mucho que desear, ya que, pese a que el convenio otorga numerosas facilidades a la patronal para cubrir todos los servicios necesarios a sus clientes, es habitual el incumplimiento de lo pactado o de cualquier normativa de aplicación. Son numerosas las denuncias y demandas que interponemos por reclamación de cantidades e, incluso, por delitos contra la libertad sindical. Los trabajadores recogieron más de mil firmas para solicitar que los sindicatos participantes en la negociación convocaran una asamblea informativa sobre el transcurso de la misma. Al no ser atendida dicha solicitud, el Sindicato Unitario convocó a sus afiliados, delegados y a todos los trabajadores del metal a una asamblea en la que se tomó la decisión de convocar una huelga de 24 horas, días antes de la fecha prevista para la firma del convenio entre la patronal y la mayoría absoluta de los representantes sindicales en la mesa de negociación. Fue tan contundente la respuesta de los trabajadores a la convocatoria de la huelga del pasado 24 de noviembre que podemos afirmar que el paro fue total. Como consecuencia, se recuperó la unidad sindical, no se procedió a la firma prevista y se ajustaron las propuestas sindicales en la negociación conforme a lo decidido por los trabajadores. A pesar de ello, los trabajadores no bajan la guardia y deciden, en asambleas espontáneas, dejar de realizar horas extraordinarias, lo que enciende todas las alarmas: la patronal podía soportar un día de huelga, pero no puede soportar un solo día sin que realicemos horas extras. Los trabajadores de las contratas en MOEVE son las primeras en recibir ciertos rumores como: rescisión de contratos, advertencias a quienes aparecen en los vídeos de la huelga porque el cliente puede pedir su cabeza, etc. Estas son las propuestas que teóricamente lanza el negociador fantasma a las contratas. Tanto es así que el Sindicato Unitario ha convocado nuevamente huelga, pero en esta ocasión fuera de la jornada laboral legal, para la no realización de horas extraordinarias ni cambios de jornada que dependan de la voluntad del trabajador, con carácter indefinido hasta la firma del convenio, con el objeto de impedir actuaciones empresariales destinadas a dejar sin eficacia las medidas de presión que la ley establece para la defensa de los intereses de los trabajadores y trabajadoras. Lo que ha conseguido el negociador fantasma es echar más leña al fuego. Recientes asambleas han anunciado la convocatoria de nuevas huelgas, más contundentes, con la participación de todos los sindicatos, así como otras medidas a adoptar en los centros de trabajo donde, a principios de año, se negocian los calendarios y la adscripción de voluntarios a guardias y retenes. Ahora nos amenazan afirmando que estas medidas pueden ser ilegales y que así lo están estudiando con sus asesores. Por nuestra parte, llevamos ya tiempo asesorados sobre la sombra de ilegalidad en la que se asientan vuestros contratos mercantiles entre contratistas y contratas. Quizá muchos de los trabajadores de las contratas del Polo Químico de Huelva podrían estar afectados por los convenios colectivos de las empresas contratistas. Esperamos que el negociador fantasma haga una de estas dos cosas: o se presente físicamente, cara a cara, en la negociación; o que, si por algún motivo no tiene las suficientes agallas para dar la cara, abandone para siempre su intervención en el convenio del metal. Las ganancias obtenidas por las empresas, así como las que se anuncian con el actual proceso de inversiones y ampliaciones, confirman lo que los trabajadores llevamos años denunciando: dinero hay, y mucho. Lo que no hay es voluntad de repartir la riqueza que generamos. Ha llegado el momento de recuperar íntegramente el poder adquisitivo robado durante años, en los que todas vuestras crisis, reestructuraciones y ajustes han recaído sistemáticamente sobre nuestras espaldas, nuestra salud y nuestras vidas. Y para más inri, todo esto ocurre en un contexto de fuertes inversiones en hidrógeno verde, presentadas como el futuro industrial de Huelva y como un supuesto ejemplo de sostenibilidad y progreso. Un modelo que, en realidad, vuelve a reproducir el mismo esquema de siempre: capitales extranjeros que multiplican sus beneficios de forma exponencial mientras dejan en esta tierra únicamente precariedad, subcontratación, salarios de miseria y derechos recortados. Pretenden convertir a Huelva en un referente mundial de la nueva energía, pero a costa de seguir explotando a quienes levantan y mantienen esas industrias. No aceptamos que el “progreso” se construya sobre jornadas interminables, horas extras forzadas, amenazas, chantajes y miedo. No aceptamos que se nos venda modernidad mientras se nos condena a condiciones laborales del siglo pasado. La clase obrera andaluza no está dispuesta a seguir pagando este modelo de saqueo. Si quieren beneficios récord, inversiones millonarias y estabilidad productiva, tendrán que aceptar también salarios dignos, derechos reales y respeto. Y si el negociador fantasma insiste en seguir actuando desde la sombra, encontrará enfrente a unos trabajadores organizados, conscientes y dispuestos a llegar hasta donde haga falta.

Camaradas: Un grupo de cinco trabajadores de la empresa DUPLACH (Villa del Río, Córdoba), tomaron la decisión de afiliarse al Sindicato Unitario de Córdoba para luchar por la mejora de sus insoportables condiciones de trabajo. Duplach emplea a un centenar de trabajadores para la fabricación de platos de ducha en sus instalaciones en el límite de los términos municipales de Lopera (Jaén) y Villa del Río (Córdoba) y ocupa una extensión de 4.500 metros cuadrados. Dicen que su principal objetivo es lograr la mejor de sus productos y servicios que consiguen debido a la seriedad y puntualidad de sus trabajadores cuyas tareas y responsabilidades se centran en complacer a cada uno de sus clientes. Y que por estos motivos, venden sus productos en Europa, Estados Unidos y Asia. Fundada en 2010, ha sufrido dos incendios. El primero en 2019 que redujo a cenizas todas las instalaciones y un trabajador de 29 años tuvo que ser trasladado al Reina Sofía de Córdoba por quemaduras en la cara. El segundo incendio se produjo en 2024 y solo afectó a una nave de almacenamiento de productos químicos de unos 400 metros cuadrados, sin ocasionar daños personales. Como podemos deducir, el cuidado por la seguridad de las instalaciones y de la vida de los trabajadores no será tan prioritario para la empresa como satisfacer a todos y cada uno de sus clientes. De hecho, los trabajadores vieron la necesidad de organizarse para la mejora de sus condiciones de trabajo y de vida que las relataban de la siguiente forma: - De 9:30 a 11 horas de trabajo. - Recuperan la media hora de descanso. - Obligados a trabajar los fines de semana a 8€/hora. - Cuando no les dan la semana de vacaciones pagan por debajo de lo correspondiente. - Horas extras no pagadas. - Cuando las pagan, las pagan a 8€/hora. - Sanciones arbitrarias. - No tienen asuntos propios. - No daba todos los días correspondientes a los permisos retribuidos (matrimonio, paternidad/maternidad, etc.). - Amenazas con sanciones y/o despidos. - Presión laboral por parte de superiores. - Algunos contratos son de menos horas de los que trabajan. - No cobran lo que le viene en nomina. - No dan permiso por hospitalización de faniliar, se lo quitan de vacaciones o económicamente. - Sanciones económicas. - Solo vacaciones en verano. - Les deben vacaciones de años anteriores. - No saben las vacaciones a primeros de año, se las comunican unas semanas antes. - Hacen firmar recibí de EPIS sin entregarlos. - Falta de EPIS y de seguridad laboral. - Contratos que no se ajustan al puesto de trabajo. Tras varias conversaciones en el Sindicato Unitario de Córdoba se tomó la decisión de constituir una sección sindical a la que se fueron afiliando numerosos trabajadores y trabajadoras. Se procedió a convocar una asamblea de afiliados y afiliadas para tal fin y la empresa procedió al despido fulminante de quienes creía que eran los cabecillas. A continuación todos los demás afiliados y afiliadas procedieron a darse de baja voluntariamente del sindicato. Según la carta de despido, el motivo de los despidos fueron: - Bajada de productividad: Pero ¿bajada con respecto a qué o a quién? Sin justificantes ni comparativas de meses anteriores ni con compañeros que desempeñaban el mismo trabajo. - Desaparición del puesto: Sin justificación de la supresión del puesto que se ha mantenido hasta nuestros días. Unos meses después de los despidos, otro trabajador se pone en contacto con los recursos humanos de la empresa y les dice que se ha afiliado al Sindicato Unitario y, a continuación, les reclamaba algunas deficiencias de seguridad en la empresa. Al día siguiente no le dejaron ni abrir la taquilla. Otro fulminante despido. Y a pesar de los despidos, los aplazamientos del juicio, casi 2 años para que se haga justicia, y la persecución judicial a la que nos está sometiendo la empresa, con demandas por lo penal a los trabajadores despedidos y a las organizaciones que les han apoyado (Sindicato Unitario de Andalucía y Nación Andaluza), nos dicen que siguen fuertes y unidos, con ganas de luchar por la justicia y la clase obrera. Y que “no nos van a amedrentar”. Efectivamente, además de los despidos, la empresa nos demanda por la vía penal al Sindicato Unitario de Andalucía y a Nación Andaluza y nos piden varios miles de euros por hacer videos, concentraciones y manifestaciones en solidaridad con nuestros afiliados. Ya hemos acudido a unas nueve conciliaciones en las que no hemos reconocido los hechos que nos quieren imputar. Según el dueño, gerente y amo, en la empresa no hace falta organización sindical de los trabajadores pues ya cuentan con un buzón de sugerencias donde todos sus trabajadores pueden hacerles llegar todo tipo de sugerencias. Camaradas: este es uno de esos momentos en los que todos seamos uno. Para el próximo 1 de octubre hemos convocado una manifestación en Villa del Río (Córdoba), con salida en las puertas de la fábrica y finalización en la plaza del Ayuntamiento, para lo que os hacemos el llamamiento de participar en la misma a toda la afiliación que le sea posible (habrá coches y/o autobús). El objetivo: Denunciar públicamente la falta de libertad sindical en Duplash, mostrar nuestra solidaridad con los despedidos y advertir que no pararemos hasta que se respeten todos los derechos laborales en la empresa, la readmisión de los despedidos y el desestimiento de las demandas contra las organizaciones que les han apoyado.. Nos necesitamos todos en Villa del Río el próximo 1 de Octubre. Salud. Andalucía, 24 de septiembre de 2025 Secretaría Federal Colegiada

AUDECA S.L. es la concesionaria del servicio de limpieza viaria en Ayamonte. La empresa forma parte del GRUPO ELECNOR que obtuvo un beneficio de 50,15 millones de euros en el primer semestre de este año, lo que supone multiplicar por dos (+100,6%) las ganancias. Los trabajadores de AUDECA realizan servicios profesionales de gestión de residuos, limpiezas viarias, mantenimiento y conservación de infraestructuras a través de contratos con ayuntamientos y otros organismos y administraciones públicas. Es decir, es una de esas empresas que sin producir, generan beneficios. Son empresas parásitas que, como en Ayamonte, se enriquecen con los recursos públicos de los vecinos y vecinas, mientras que explotan a los ayamontinos que tienen contratados. Hemos solicitado la intervención del que se supone responsable y jefe de todos los servicios públicos, el alcalde, y nos dice que no tiene responsabilidad en el asunto. Por otro lado, el Tribunal de Cuentas ha emitido varios informes en los que plantea que la gestión municipal de los servicios públicos es más económica y de mayor calidad que la gestión privada de los mismos. Entonces ¿para qué se mantiene privatizado este y otros servicios públicos en nuestra ciudad? Ya sabemos que la empresa privada gana y lo trabajadores y los residentes ayamontinos perdemos. Y ahora sabemos, además que cuando la dirección de la empresa comete un error administrativo se lo hacen pagar, y caro, a los trabajadores. Hemos convocado una concentración de delegadas y delegados del Sindicato Unitario de Ayamonte a las puertas del Ayuntamiento el pasado día 31 de julio en solidaridad con el compañero despedido y para dar a conocer el caso a vecinos y vecinas. Al poco de comenzar el acto, se nos acerca el alcalde, Alberto Fernández, que mantiene una conversación con el afectado en presencia de representantes del Sindicato Unitario, miembros de la Corporación Municipal y compañeros del trabajador despedido y de otros sectores. Tras la conversación, el alcalde se compromete a la reincorporación del trabajador en las mismas condiciones en las que se encontraba, cuando salga la próxima licitación del servicio, que se llevará a cabo una vez que pase el verano y las fiestas de la Patrona el 8 de septiembre. Comprometiéndose a respetarle la antigüedad hasta el momento del despido y a partir de ese momento la que determine el juzgado ante la demanda interpuesta por nuestros servicios jurídicos. Tras el compromiso del alcalde dimos por finalizada la concentración, manteniéndonos vigilantes hasta ver cumplir el compromiso de la readmisión del compañero.




